jueves, 18 de octubre de 2012

Calle melancolía - Joaquín Sabina




Ya he llegado a la mentira número 100... He estado pensando que canción sería la adecuada para esta celebración.. al final me he decantado por un himno... "Calle melancolía" del gran maestro Sabina.
Durante todas estas mentiras he visto campos verdes, chimeneas, primaveras que van y vienen, cables, antenas, unas puertas cerradas otras abiertas, pero lo que siempre he encontrado mientras recorría mi particular calle melancolía, son AMIGOS...amigos con mayúscula..sí con mayúscula.



Por suerte no vivo en el número 7... pero vivo cerca, concretamente a dos números...con lo que suelo pasar a menudo por él... un día me mudaré.. no sé si al barrio de la alegría o a cualquier otro barrio, lo que tengo claro es que no viviré, y ni siquiera visitaré, el barrio de la indiferencia, del egoísmo, de la derrota... en definitiva de la rendición.... como dije una vez: estoy tan cansado que no tengo fuerzas ni para abandonar... así que seguiremos... seguiremos buscando ese tranvía que nos lleve a una sociedad más justa y más digna... sé que llegaremos.

Me ha costado pero he encontrado una grabación de la época.... esta "calle melancolía" no es la misma con la voz alijada de estos días...

Eres un maldito poeta de mierda, aunque lo niegues.... eres un doloroso hijo de puta... eres grande, Sabina.



Letra:

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía
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